
Hebreos 4:16La Reina Ester se acercó ante el trono de Dios Altísimo sin mirar sus inconvenientes. Lo hizo para pedir socorro, ayuda, gracia y valentía para cumplir su encomienda. Entonces, comprendió que los pensamientos de Dios para ella eran pensamientos de paz y no de mal para darle el fin que esperaba. Asimismo, tú también, querida hermana, como Ester, debes acercarte con confianza al trono de la gracia para pedirle a nuestro buen Dios que te colme de su divina unción, para llevar a cabo la tarea encomendada por el Señor. No dejes que el enemigo te engañe. Tú tienes un propósito que cumplir. Desde que estabas en el vientre de tu madre, ya Dios te había escogido. El Señor te conoció desde antes que tú nacieras y te dio un propósito para cumplir. No importa cómo fuera tu infancia, tu juventud, ni de qué manera fuera tu pasado. Si estás en Cristo, eres nueva criatura, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2Corintios 5:17).
Cuando conocemos el proyecto que el Señor tiene para nosotras, crece nuestra autoestima debido a que el Espíritu del Señor nos enseña lo importante que somos a los ojos de nuestro buen Dios.
Dios nos escogió con un proyecto diseñado para que realicemos nosotras de manera expresa. El diablo nos tratara de enseñar nuestras debilidades, pero el Señor nos enseña en su Palabra lo siguiente: Diga el débil: FUERTE SOY !(Joel 3:10).
Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.(Salmo 139:13-14).
Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.(Isaías 60:1-2).
Así que no te intimides, piensa que como mujer tienes mucho que darle a Dios. Echa fuera tus temores,y deja a un lado la incapacidad, permite que Él te capacite. No permitas que el enemigo te mienta y estorbe tu servicio al Señor. Deja que se cumpla el propósito de Dios en tu vida.
Fuente: Dámaris Yrion, Dios te ha llamado, Editorial Emilita, 201, pp. 26-28